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jueves, febrero 14, 2008




Para lograr metas previamente debemos visualizar o imaginar lo que queremos (si no queremos dar vueltas en círculo), por otra parte, si queremos evocar un recurso o una habilidad previamente debemos activarla en nuestra mente y en nuestro cuerpo.

No es de extrañar, que la palabra “imaginación” no se use mucho en psicología, ya que la psicología como tradición académica nació en un contexto de industrialización y auge de una ética basada en el esfuerzo, que miraba con recelo a la imaginación, a la que asociaba con la mera fantasía improductiva, o con alucinaciones y delirios patológicos, último golpe de gracia a la palabra imaginación, que tenía como antecedentes macabros, los manuales de la inquisición, que señalaban con este mismo término nada menos que al “vicio de vicios”.

Cuando hablamos de imaginación estamos refiriéndonos únicamente a la capacidad de producir y controlar imágenes mentales con un objetivo práctico, así como recordar estados de recursos personales. No estamos hablando de la fantasía ensoñadora ni del divague natural que eventualmente es agradable tener.

Las personas son ricas en experiencia vivida, y sólo una fracción de esta experiencia puede ser relatada, una gran parte de la experiencia vivida queda inevitablemente fuera del relato dominante acerca de las vidas y las relaciones de las personas. Estos aspectos de la experiencia vivida que quedan fuera del relato dominante, constituyen una fuente, llena de riqueza y fertilidad, para crear nuevos guiones vitales. En el entramado social del desarrollo de una persona a lo largo de la vida hay acontecimientos de recursos personales, momentos felices, de organización, de control de impulsos, de hiperactividad productiva, momentos asombrosos, estimulantes, incluso heroicos y extraordinarios, que son ignorados por aquellos cambios en el tiempo que son básicos y comunes para los miembros de una categoría de status y posición social. Los eventos asombrosos incluyen toda la gama de sucesos, sentimientos, intenciones, pensamientos, acciones, etc., que tienen una localización histórica, presente o futura, y que el guión personal nuclear no puede incorporar. Para que esta asignación de significado pueda realizarse, es necesario que las experiencias positivas y olvidadas, se organicen en un guión nuevo. Y en este proceso, «el imaginar» desempeña un papel muy importante.

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