viernes, febrero 20, 2026

La Película del Sándwich: El Guion de una Decisión que no fue solo Pan y Queso

Siéntate, que te voy a contar cómo un simple desayuno se convirtió en una escena de cine de esas que solo nos pasan a los que llevamos este "software" de frontera. A veces, el TDAH no es solo perder las llaves; es un baile de indecisiones en el mostrador de una cafetería mientras el mundo sigue girando a otra velocidad.


Esta mañana pasó. No llevaba dinero en el móvil, así que mi mujer iba a pagar. Yo tenía el ojo puesto en el sándwich más caro, el grande, el que mi cuerpo pedía a gritos. Pero entonces ocurrió: vi su mirada.


En esa milésima de segundo, mi cerebro de cazador leyó un matiz, una señal invisible en su rostro, y mi sistema de navegación recalculó la ruta en pleno vuelo. "Mejor pido otro", pensé. Pero ahí es donde el TDAH saca su otra cara: la del bucle infinito. Empecé a cambiar de opinión, una y otra vez, atrapado en esa parálisis del que quiere acertar pero no sabe cómo.


La vendedora, con una puntería magistral, me soltó una broma para sacarme del trance: —“¿Vas a seguir cambiando?”— me soltó con ironía.


Y yo, en lugar de cerrarme o sentirme culpable, hice un quiebre de Aikido mental y le solté la verdad desnuda con una sonrisa: —“Gracias por pararme, de verdad, porque podría estar así toda la mañana”.


Risas. Quiebre de tensión. El "Yo-Cazador" aceptando su naturaleza frente al café.

Mi mujer, que tenía prisa, salió antes de la cafetería y yo me quedé allí, solo, comiéndome mi sándwich (el que finalmente elegí tras el frenazo de la vendedora). Era un momento de calma post-combate. Cuando nos juntamos de nuevo más tarde, ella me hizo la pregunta más cotidiana del mundo: —“¿Cómo estaba el sándwich?”


Y fue ahí, al empezar a contarle toda esta secuencia —la falta de dinero, mi deseo del sándwich caro, el impacto de su mirada en mi decisión, el bucle de cambios y el parón de la vendedora— cuando me di cuenta de algo fundamental: cualquier escena cotidiana puede transformarse en una película si tienes el ojo entrenado para ver el significado.


Lo que para un "agricultor" habría sido un momento de estrés o una simple indecisión al pedir comida, para nosotros fue una historia sobre la conexión, la vulnerabilidad y la capacidad de reírse de nuestro propio caos. El sándwich no era solo comida; era el resultado de una negociación silenciosa entre mi impulso, su mirada y la intervención de una extraña.


Al final, mi mujer no solo supo cómo sabía el sándwich; supo que, incluso en el mostrador de una cafetería, yo estoy presente, mirándola, intentando descifrar su mapa mientras el mío se reinventa una y otra vez.


¿No es increíble cómo el hecho de narrar nuestra vida le devuelve el Groove a los momentos que parecían olvidados? ¿Qué otra escena "pequeña" de tu día de hoy crees que merece que le pongamos el foco de la cámara y la convirtamos en el guion de tu próximo gran descubrimiento?



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