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sábado, septiembre 17, 2011

Funciones Ejecutivas y Coaching


El proceso del coaching consiste esencialmente en ayudar a los individuos a regular y dirigir sus recursos intra e interpersonales de manera que puedan lograr mejor sus objetivos. Tal auto-regulación tiene una larga y muy bien investigada historia en psicología pero a la fecha han existido muy pocas referencias explícitas a modelos de auto-regulación en la literatura del coaching.
Carver y Scheier (1998) argumentan que la conducta humana (aquí la conducta es ampliamente definida de manera que incluye las cogniciones, las emociones y las acciones) es un proceso continuo moviéndose hacia o desde representaciones mentales de objetivos, y que este movimiento ocurre por un proceso de control por retroalimentación.
Los enfoques teóricos de la auto-regulación conductual a través de retroalimentación datan de una fecha al menos tan atrás como Miller, Galanter y Pribram (1960), y se han vuelto crecientemente sofisticados (cf. Brown, 1995). Los constructos centrales de la auto-regulación orientada hacia objetivos son una serie de procesos en los que el individuo fija un objetivo, desarrolla un plan de acción, comienza la acción, monitorea su desempeño, evalúa su desempeño en comparación con el estándar y basado en esta evaluación cambia sus acciones o aumenta su desempeño para alcanzar mejor sus objetivos.
En relación al coaching, el rol del coach es facilitar el movimiento del coachee dentro de este ciclo auto-regulatorio.
En la práctica, las etapas en el ciclo auto-regulatorio no son discretas o separadas, sino que existe un traslape entre ellas. De esta forma, en cada etapa el coaching debiera enfocarse a facilitar el proceso de la etapa siguiente. Por ejemplo, la fijación de objetivos debiese hacerse de tal manera que facilite una implementación de un plan de acción; el plan de acción debe ser diseñado de tal manera que motive al individuo a la acción y debiese también incorporar formas de monitoreo y evaluación del desempeño adicionalmente a la incorporación de sesiones de coaching regulares para el seguimiento.
¿Qué se Regula en el Coaching y Cómo?
La experiencia humana se desenvuelve en cuatro dimensiones - pensamientos, sentimientos, conducta y la situación o el ambiente. Existe una reciprocidad entre estas cuatro dimensiones. Por ejemplo, cómo pensamos impacta en cómo nos sentimos, cómo nos sentimos afecta la manera en que nos comportamos y las situaciones o el ambiente pueden suscitar conductas específicas.
De esta forma, desarrollar un enfoque cognitivo-conductual para el coaching significa reconocer que el logro de objetivos se logra mejor regulando todas las cuatro dimensiones.
Burns (1989) detalla alrededor de 50 técnicas usadas en la CBT para ampliar la auto-regulación de pensamientos, sentimientos y conducta. Estas incluyen
Auto-monitoreo (donde las conductas, los pensamientos o los sentimientos son observados y registrados),
Re-estructuración cognitiva (la alteración de pensamientos negativos), y
Protocolos de entrenamiento de conductas.

El auto-monitoreo por sí solo, es decir, en ausencia de otras técnicas de auto-regulación, ha demostrado ser una herramienta efectiva para el cambio conductual para una amplia gama de problemas de conducta incluyendo conductas sociales inapropiadas, para el aprendizaje de estudiantes jóvenes discapacitados, y para corregir una deficiente administración del tiempo en propietarios de pequeños negocios. Sin embargo, el auto-monitoreo es generalmente más efectivo cuando se combina con otras estrategias cognitivo-conductuales  como el entrenamiento en habilidades conductuales y la re-estructuración cognitiva.
Existe un amplio rango de técnicas específicas que están dirigidas a facilitar la re-estructuración cognitiva y, por lo tanto, ampliar la auto-regulación emocional. Estas incluyen la identificación de distorsiones cognitivas disfuncionales, la conducción de análisis costo-beneficio, y la identificación de supuestos y creencias erróneas o dañinas usando la técnica de Downward Arrow. A pesar de la naturaleza específica de cada técnica, lo que es central a toda re-estructuración cognitiva es un proceso en el que los pensamientos negativos o dañinos son sistemáticamente examinados, desafiados y reemplazados por pensamientos más positivos y realistas. Tales técnicas han demostrado ser efectivas aliviando una gama amplia de desórdenes psicológicos.
Toda la experiencia humana es contextual y surge en un ambiente específico. La situación o el ambiente pueden tener una influencia poderosa sobre la conducta. Por ejemplo, ex-adictos son más propensos a recaer si son prematuramente expuestos al ambiente donde ellos desarrollaron su adicció. Sin embargo, los ambientes pueden ser regulados y estructurados para facilitar la adopción de conductas específicas, y los individuos pueden ser enseñados en cómo superponerse a las influencias de ambientes específicos (Berry, Demgen, Hardy & Wicklund, 1982). La estructuración ambiental es efectiva cuando se combina con entrenamiento en auto-monitoreo y habilidades conductuales (Dean, Marlott & Fulton, 1983).
Claramente, la adecuada auto-regulación conductual es un factor importante en el logro de metas. Así como la naturaleza exacta de las conductas orientadas a metas varía de acuerdo a las metas específicas de cada individuo, lo que constituye la auto-regulación conductual es diferente en cada caso. Por ejemplo, cuando se está haciendo coaching a un ejecutivo para ampliar su liderazgo puede ser importante para el coachee practicar conductas interpersonales, tales como el uso de preguntas abiertas, escucha activa y lenguaje corporal adecuado (Zeus & Skiffington, 2000). Por otra parte, las habilidades conductuales para un estudiante que desea mejorar su desempeño académico pueden no ser conductas interpersonales sino que estrategias de aprendizaje profundo (Biggs & Rihn, 1984) y administración efectiva del tiempo (Zimmerman, Grenberg & Weinstein, 1994).
El entrenamiento en habilidades conductuales es una forma efectiva de inducir el cambio en un amplio espectro de poblaciones clínicas y disfuncionales (Kalichman, Sikkema, Kelly & Bulto, 1995; Murphy, 1984; Nichols et al., 2000; Stevens et al., 1998). Sin embargo, el impacto del entrenamiento en auto-regulación conductual es generalmente mediado por el nivel de habilidades base; un individuo con una base alta de habilidades conductuales es esperable que se beneficiará menos de un entrenamiento en habilidades conductuales que un individuo que posee una base más pobre de habilidades (Sloan & Mizes, 1999).
Las técnicas cognitivo-conductuales mencionadas anteriormente han sido desarrolladas y validadas principalmente en relación a poblaciones clínicas o disfuncionales con el objetivo de eliminar la psicopatología (Febbraro & Clum, 1998), más que con individuos que buscan mejorar su desempeño y el logro de objetivos. Sin embargo, las técnicas originalmente desarrolladas para tratar problemas clínicos significativos pueden no necesariamente conducir a una mejora en el desempeño; la mejora en el desempeño y la disminución de estados afectivos negativos son lógicamente independientes (pero véase Whelan, Mahoney & Meyers, 1991 para una mirada alternativa). Efectivamente, la literatura que apoya la utilización de técnicas cognitivo-conductuales, o cualquier enfoque en el área del aumento del desempeño per se es, en general, menos impresionante en calidad y cantidad que en la literatura relacionada con la práctica clínica. Sin embargo, dos áreas en las que existe evidencia sustancial respecto a que el uso de técnicas psicológicas pueden estimular el cambio y aumentar el desempeño son el deporte y el desempeño académico (véase Duckman & Bjork, 1991).
Las estrategias para aumentar el rendimiento deportivo que poseen apoyo empírico incluyen
-la re-estructuración cognitiva (Davis, 1991; Silva, 1982),
-la relajación (De Francesco & Burke, 1997),
-el entrenamiento en el manejo de la ansiedad (Suinn, 1990),
- la fijación de metas (Burton, Weinberg, Yukelson & Weigand, 1998),
-el entrenamiento metacognitivo (Strean, Senecal, Howlett & Burgess, 1997) y
-el ensayo mental o la imaginería (Jones & Stuth, 1997).
De manera similar, en el campo educacional, fijación de metas (Wolters, Yu & Pintrich, 1996), el auto-monitoreo (Lan, Bradley & Parr, Zimmerman & Paulsen, 1995), el entrenamiento metacognitivo (McCombs, 1998), la terapia de relajación cognitiva-conductual (Dendato & Diener, 1986), la re-estructuración cognitiva (Nam Sung, 1980) y el re-entrenamiento atribucional (Perry, Hechter, Menec & Weinberg, 1993) son algunas de las técnicas derivadas de la psicología clínica y que han demostrado ser efectivas en lograr un aumento en el desempeño académico.
Aunque la aplicación de técnicas clínicas en la práctica del coaching sea justificada, y existe algún apoyo empírico para su uso en algunas áreas, aún no se ha establecido empíricamente que las técnicas clínicas pudiesen ser aplicables en una psicología del coaching.
El establecer si las técnicas clínicas son verdaderamente aplicables a la psicología del coaching debiera ser uno de los objetivos de la investigación futura. Por ejemplo, la investigación futura sobre coaching podría examinar la eficacia relativa de las intervenciones de coaching cognitivas comparadas con las intervenciones de coaching conductuales.
Esto es de interés para la práctica del coaching por tres razones:
Primeramente, esto sería el comienzo de un proceso de validación y establecimiento de un marco cognitivo-conductual para una psicología del coaching.
Segundo, tales investigaciones apoyarán el diseño de programas de coaching efectivos. Dado que individuos con una alta base de habilidades conductuales tenderían a beneficiarse menos de un coaching en habilidades conductuales que aquellos con una base más pobre (Sloan & Mizes, 1999), y que las poblaciones normales no tienden a mostrar los déficits conductuales observados en poblaciones clínicas, pudiese significar que un énfasis cognitivo en el coaching sería más apropiado para mejorar los resultados de poblaciones no clínicas.
Tercero, existe un gran número de publicaciones de desarrollo personal que promueven solamente un enfoque cognitivo para el auto-desarrollo y el auto-coaching (p.e. Dyer, 1989; Hill & Stone, 1960). A pesar del hecho que existe muy poca o ninguna investigación respecto de su efectividad (Rosen, 1993), muchos psicólogos recomiendan tales libros a sus clientes (Starker, 1990). La investigación empírica de la efectividad relativa de los enfoques cognitivos y conductuales entregarían una valiosa guía tanto para los facultativos como para el público.
Anthony M. Grant

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