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domingo, diciembre 19, 2010

TDAH adultos y Gestión Emocional III.


 Cálculo mental vs, Memoria Autobiografica.

En el artículo anterior definimos que pensar es ver sentir y hablarnos dentro de la bóveda craneana,  y también mencionamos que la memoria a corto plazo tenía al menos dos dimensiones, el cálculo mental y la memoria autobiográfica

1.- Cálculo mental y TDAH

Los fallos en el funcionamiento del sistema de atención  pueden ayudarnos a explicar las dificultades con el cálculo mental de los niños y adultos con TDAH. En efecto, la adquisición de automatismos del cálculo, que depende de la repetición de las asociaciones (9+9=18), requiere vigilancia e implicación activa.

Así mismo, para establecer asociaciones que luego han de automatizarse, todos los términos de la operación deben mantenerse simultáneamente en la memoria.

Por consiguiente, si la capacidad de memorizar es limitada, se producirá una pérdida de información con consecuencias fatales en los resultados.

Además, junto a las limitaciones para acceder rápidamente a la memoria, los adultos con TDAH suelen desplegar estrategias ineficaces de conteo, por ejemplo "contar todo" en lugar de "contar a partir de", que suponen también un costo enorme para la memoria de trabajo.

La panorámica se complica cuando los cálculos tienen cierto nivel de complejidad porque, además de atención, memoria y estrategias cognitivas, exigen un control continuo de cada fase, que depende del sistema ejecutivo.

Por último, los fallos de supervisión pueden provocar errores como confundir el signo, cambiar el algoritmo de la suma por el de la resta a mitad de operación, o restar el número mayor del menor sin considerar si es el sustraendo.

La implicación del sistema de atención/memoria/control ejecutivo es incluso mayor en las tareas de solución de problemas que en el cálculo (p.ej., determinar cuáles son los datos relevantes, qué se pregunta, los pasos a seguir en la solución del problema, etc.).

Los jóvenes y adultos con TDAH suelen responder al problema sin haberlo leído con detenimiento.

Incluso aunque lo hayan leído, no pueden recordar lo que se les pregunta, confunden datos relevantes, o no son capaces de diferenciar la información que aporta el texto de la información que se desconoce y que hay que encontrar.

Pero además, las dificultades en el sistema ejecutivo impiden la aplicación de una estrategia organizada para la resolución del problema, sobre todo cuando tienen un cierto nivel de complejidad.


2.- Memoria Autobiográfica

La memoria autobiográfica es la memoria de los sucesos de la propia vida, donde se entrecruzan aspectos vinculados a la cognición en general, con los relativos  a la persona, a la emoción y a los significados.

Fundamentalmente esta perspectiva recupera el rol de la persona como central y significativo en todo proceso de recordar.

Como base del proceso autobiográfico se distinguen:

* Períodos Vitales: que incluyen temas, objetivos y planes de la persona durante periodos particulares.  Como por ejemplo: “cuando vivía con”… “cuando trabajaba en …” y cada uno de ellos recupera un conjunto de recuerdos diferentes.

* Sucesos generales: que se repiten por semanas o meses como vacaciones, viajes, una enfermedad.

* Sucesos específicos: son detalles ordenados cronológicamente, que adoptan la forma de imágenes, sentimientos y detalles altamente específicos tanto sensoriales como de acciones.

Para contar una historia inteligible se requiere que tenga una secuencia temporal coherente y continua a lo largo del tiempo.

Que las explicaciones se vayan entretejiendo en la trama narrativa. 
La secuencialidad es muy importante.

El significado personal a lo largo del curso de la vida, sus valores, y creencias.

La narrativa y las autobiografías rescatan el valor de la vida individual, se convierten en una forma de asertividad, de afirmación de la persona y de la integridad de la vejez.

Es rescatar las vivencias cotidianas donde están las respuestas a las preguntas acerca de la vida humana encarnada en las narrativas.

Los seres humanos somos narradores de historias que otros a su vez nos narran. 

No sólo poseemos una historia, sino que somos una historia.

En el relato de la propia vida, la persona busca un orden, necesita hacerse inteligible a los demás y da sentido a los acontecimientos de su vida.

Permite asimismo comprender la importancia de las elecciones que hemos hecho en el pasado y cuales fueron sus consecuencias

Los sucesos aislados se integran en episodios más amplios que les dan sentido.

Es en la vejez donde la necesidad de narrar la propia historia se hace más intensa y asimismo es una forma de afirmación sobre el presente.

Se convierte así en una forma de construir y completar historias de vida familiares o personales con fines de salud.

Asimismo es una contribución a la historia de la familia donde la historia de vida recuperada, da un sentido de pertenencia y de continuidad, y revela crisis y modos de afrontamiento de problemas, que como ejemplo o como oposición pueden ser capitalizados para enfrentar y solucionar crisis actuales.

Es también una forma de contribuir al ejercicio de la función cognitiva.
Los temas se seleccionan en función de experiencias que han sido vividas por la mayoría, por ejemplo:

-         Mi familia.
-         El trabajo y/o carrera profesional.
-         El lugar del dinero en mi vida.
-         La salud y el cuerpo.
-         Identidad sexual, experiencias sexuales.
-         Experiencia con la muerte y las ideas de la muerte.
-         Amores y odios.
-         Las aspiraciones y las metas.
-         El rol de la música, el arte y la literatura en mi vida.


Según Hallowell, evaluar la propia capacidad de atención y el modelo cognitivo no es algo que constituya el objetivo de la introspección de la mayoría de los adultos. Solemos estar más preparados para pensar qué personas nos gustan o nos disgustan, o cómo podemos enfrentarnos a determinados miedos.

Nos analizamos nosotros mismos a través de historias y construimos rápidamente la trama.

Pensamos en esta o en aquella persona, tenemos pequeñas conversaciones y avanzamos por la escena, saltando de una situación a otra, a menudo de forma bastante do rosa, aunque habitualmente formamos parte del argumento de la historia.

Pero el TDAH precede al argumento de esa historia.

Él ajusta la iluminación y prepara el escenario. Si las luces son demasiado tenues u excesivamente intensas no se pueden apreciar los decorados y la historia no se podrá entender plenamente.

Antes de dejar que la historia continúe, antes de desarrollar las líneas argumentales de esta narrativa introspectiva, merece la pena consultar con un especialista en iluminación y con un técnico que controle el escenario.

Descubrir que se sufre TDAH durante la edad adulta suele provocar bastante sorpresa. 


Se supone que este tipo de trastornos deben quedar solucionados durante la infancia. 


Posteriormente, la persona ha de arreglárselas con la capacidad mental que tiene, con la iluminación que  recibe. 


A los cuarenta años, por poner un ejemplo, no se espera recibir la noticia de que se padece un trastorno del aprendizaje o un TDAH. No se espera ser sometido a una terapia para ayudar a leer o a estudiar mejor, para aprender el papel dentro del escenario.

El diagnóstico es muy difícil de efectuar. 


Con los niños el colegio debe actuar como una especie de centro de diagnóstico de los diversos problemas del aprendizaje que puedan surgir. 


Pero los adultos no acuden a un lugar así. Es muy raro el centro de trabajo en el que considere en la posibilidad de evaluar si un trabajador con un comportamiento irregular, que rinde por debajo de sus posibilidades o que se distrae, padece un TDAH”.

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