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lunes, junio 21, 2010

CONTROLANDO LA HIPERACTIVIDAD

En el libro TDA CONTROLANDO LA HIPERACTIVIDAD los Doctores Hallowell y Ratey comparten un útil compendio de conocimientos sobre el trastorno por déficit de atención (TDAH) y cómo se manifiesta tanto en niños como en adultos. Escrito para el lector en general, esta guía incluye una lista de verificación para el auto-diagnóstico, y consejos prácticos para abordar la cuestión en el  niño, adulto, pareja, como padre o madre. También se incluyen anécdotas interesantes de los pacientes y un debate esclarecedor sobre la gama de comportamientos en el que el TDA se puede manifestar.
Esto dicen los autores  dicen sobre el tratamiento del TDAH:

“Lo mejor que puede hacer una persona con TDA al iniciar el trata miento para su trastorno, es buscar a un profesional que domine tanto el TDA como la psicoterapia.

El terapeuta debe tener presentes diversos aspectos. No sólo se debe ocupar de los problemas neurológicos, sino que ha de prestar ayuda para afrontar también las cuestiones emocionales. Debe dominar los aspectos que siempre se plantean en las terapias: los significados ocultos, las señales encubiertas, los motivos indirectos, la memoria reprimida y los deseos no expresados. El terapeuta no debe tener ninguna idea preconcebida derivada del diagnóstico y debe tratar en primer lugar de conocer realmente al paciente, el cual se ha de sentir entendido. Esto puede parecer muy simple, pero posiblemente no hay acción entre dos seres humanos que sea más complicada.

Debemos subrayar de forma muy especial este punto: el tratamiento del TDA nunca debe pasar por alto que el paciente es, en primer lugar, una persona; y en segundo lugar, una persona con TDA. Aunque los síntomas del TDA dominen la escena, nunca se debe olvidar la vertiente humana. El paciente, igual que cualquier persona, necesita tener la oportunidad de que lo escuchen y de que lo entiendan como individuo singular que es, con una historia específica, una idiosincrasia en hábitos y gustos, unas memorias y unos recuerdos propios; y no ha de ser tratado simplemente como una persona más con TDA.

Aunque el terapeuta pueda saber mucho sobre TDA, no conoce nada sobre la vida particular del paciente. De hecho, lo que mantiene la terapia viva e interesante no es lo que el terapeuta sabe, sino lo que desconoce. El terapeuta ha de permanecer dispuesto e impaciente por aprender.

El sentimiento interno del paciente de que lo entienden tiene un efecto más curativo que cualquier medicamento o que cualquier cosa que se pueda decir o aconsejar. Y el único modo de encontrar este sentimiento de comprensión es consiguiendo que el terapeuta escuche al paciente y que invierta de una forma disciplinada el tiempo preciso para estar con él. Con tiempo y con trabajo el terapeuta y el paciente pueden construir, sílaba a sílaba, imagen a imagen, una sensación de conocimiento, y en ocasiones un conocimiento que nunca antes se había producido.

Una vez que ha quedado establecido este marco de la relación humana o, en realidad, mientras se está estableciendo, hay determinados apoyos que pueden ser de gran utilidad para reestructurar la vida. Las personas con TDA actúan de una forma muy positiva cuando reciben ayuda. Y así, si han sido siempre incapaces de organizarse por sí mis mas, cuando se sienten parte de un equipo lo hacen mucho mejor.

Nos gusta especialmente la idea del entrenador. Esta persona puede ser también el terapeuta, pero no es absolutamente necesario que lo sea. Puede ser un amigo, un colega, alguien que conozca el TDA y quiera dedicarle un tiempo (entre diez y quince minutos diarios).

¿En qué consiste ser entrenador para el TDAH? La persona cumple exactamente la función que se deduce del nombre con el que se le designa: es alguien que permanece atento pero sin intervenir directa mente, con el silbato dispuesto alrededor del cuello, dando ánimos, instrucciones, recordando las pautas que se deben seguir. En ocasiones el entrenador puede ser un pesado, intentando que se esté alerta, metido en el partido. El entrenador también puede dar consuelo cuando el jugador está a punto de darse por vencido. Principalmente, el entrenador mantiene a la persona concentrada en la tarea que está realizan do y ofrece su constante apoyo.

Especialmente en las primeras fases del tratamiento —los dos primeros meses— el entrenador puede evitar un retomo a los viejos malos hábitos: posponer las tareas, desorganización y pensamientos negativos, de los cuales los más dañinos y perniciosos son los pensamientos negativos. El tratamiento empieza con una sensación de esperanza, con unos latidos acelerados del corazón. El entrenador, alguien que se mantiene en el exterior, puede dar unos gritos cuando la mente con TDA empieza a desviarse hacia antiguos hábitos, intentan do que vuelva a seguir el camino adecuado.

Consejos para el entrenador

Al principio del tratamiento se pueden hacer breves controles diarios con el entrenador (entre diez y quince minutos), personalmente o mediante una llamada telefónica. La charla se debe centrar en cuestiones prácticas y concretas: ¿cuáles son tus planes?, ¿qué es lo que debes hacer mañana?, ¿qué es lo que vas a hacer para estar a punto mañana?; pero también en cuestiones abstractas: ¿cómo te sientes?, ¿cuál es tu estado de ánimo? Estas cuestiones se pueden organizar de la siguiente forma:

Ayuda: pregúntele a la persona que está entrenado qué tipo de ayuda necesita. Empiece la tarea poniéndose al corriente de la situación y buscando el tipo de ayuda específica que necesita.

Obligaciones: pregunte qué obligaciones están pendientes de cumplir y qué es lo que está haciendo la persona para llevarlas a cabo. Debe preguntar. Si usted no pregunta, es posible que la persona se olvide de explicárselo.

Planes: pregunte qué planes tiene. Es muy útil recordar a las personas con TDA cuáles son sus objetivos. A menudo, literalmente los olvidan y dejan de trabajar en ellos. Si la persona contesta que no sabe cuáles son sus objetivos, intente ayudarle para que los defina. Los objetivos funcionan como una especie de defensa frente a la desorientación, mar cando el rumbo al individuo para que se dirija hacia el lugar deseado.

Ánimos: es la parte más agradable del trabajo del entrenador. Se de be poner en ello todo el entusiasmo y no avergonzarse por jalear. El entrenador está lidiando una batalla contra el caos y la negatividad; cuanto más positivo pueda ser, mejor. No se deje amilanar por el cinismo. Requiere algo de esfuerzo deshacer toda una vida de negatividad.

En ocasiones, para las personas con TDA está indicada la psicoterapia tradicional, debido a los problemas de autoestima, ansiedad y depresión que ha dejado la estela del TDA. Si bien el problema primario del TDA se ha de tratar con estructura, fármacos y preparación. Los problemas psicológicos secundarios requieren recurrir a menudo a la psicoterapia. Es un error tratar los problemas primarios de falta de atención, facilidad para distraerse, impulsividad e inquietud, y pasar por alto los importantes problemas secundarios de autoestima, depresión, o disputas conyugales o familiares.”


Analiza por un momento tu vida…

Ya sabes que es importante, ya sabes que al final tendrás que hacer algo sobre eso... pues hazlo ya.

Te invito a que dejes a un lado la búsqueda de explicaciones.

Tú sabes que es importante tomar esas decisiones…

Si es importante tomar una decisión y no la tomas, esa área desencadenará una señal de alarma de forma recurrente

Si al final tienes que hacerlo... que sea hoy.

Si actúo la primera vez me lo quito de encima

Analiza tu vida y cuando des con esas áreas significativas actúa...

El miedo muchas veces está interfiriendo porqué le damos tiempo a que brote y madure.

Si tienes que hacerlo hazlo.

Si es importante para ti actúa y haz

Tienes una cantidad finita de energía

Deja de centrarte en lo que no puedes hacer y haz lo que si puedes hacer.

¿Quieres que la gente sienta lástima de lo complicada que es tu vida?

Se acabaron las excusas, ¿qué te han dado, aparte de un par de golpecitos de ánimo en el hombro?

Ves y despliega tu juego.

Céntrate en lo que sí puedes hacer, y ves y hazlo.

¿Con que valor te mirarás a la cara sabiendo que podías haberlo hecho y no lo hiciste por desidia?

Actúa y los resultados llegarán.

Habla con personas que tengan diez años más que tú, y pregúntales para qué les hubiera gustado hacer diez años antes.

Dar un paso cada día.

No termines el día sin haber hecho algo a favor de tu proyecto vital:

una llamada,

leer algo,

preguntar a alguien,

consultar información en Internet,

hablar con alguna persona, hacer un bosquejo de un plan, calcular costes,... cualquier cosa, por pequeña que sea, pero día a día.


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“Cuanta más alegría y buen humor gastamos más
tendremos.”
Ralph W. Emerson

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