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sábado, septiembre 22, 2007


TDAH.
¿Coaching o Psicoterapia?
TDAH, DÉFICIT DE ATENCIÓN HIPERACTIVIDAD.
jorge.orrego@atencion.org
Teléfono: 646852757. Barcelona


La dicotomía entre coaching (desarrollo personal-humano) y psicoterapia (solucionar problemas psicológicos) se afronta sin matices y sin tomar en cuenta la variedad de modelos que sustentan los tratamientos psicológicos actuales y las evidentes similitudes entre las terapias centradas en recursos y el coaching. La diferencia entre coaching y terapia centrada en los recursos, o también se les puede llamar terapias breves, es más gremial que real. Los psicoterapeutas “narrativos”-breves pueden tratar legalmente “enfermedades mentales” aunque curiosamente son bastante escépticos de que las patologías psicológicas existan fuera de contextos normativos, y las ven más bien como hábitos estancados, bloqueos amorosos, los que hay que movilizar de maneras a veces paradójicas. Algunos, entre los que me encuentro, quieren tomar lo mejor de la terapia sistémica, la PNL, el coaching, la terapia cognitivo conductual incluido el juego narrativo y también utilizar intervenciones fuertemente no verbales.
No obstante mi visión va más allá de una anti-psiquiatría ingenua, sobre to do ante la abrumadora evidencia de los aspectos biológicos y genéticos del TDAH. Bueno es lo que resulta, la solución nos habla más claro de la naturaleza del problema que sus supuestas causas, y si la solución pasa por fármacos, o deportes, o meditación, o rezar, o cantar… bienvenido sea.
Sin embargo no cualquier solución vale: las soluciones deben ser congruente con los valores y creencias de las personas. Deben ser ecológicas dentro de los contextos relacionales en que el cliente se mueve. Además mientras más fácil y entretenida la solución, mejor. Y lo más importante deben promover una calidad de vida sustentable, es decir que no sean pan para hoy y hambre para mañana. La única forma de saber esto es evaluando constantemente los resultados y tener un contacto estrecho con lo éxitos de otros modelos. Yo conozco un terapeuta que limpia el “Karma” (predisposiciones genéticas, biológicas, psicosociales) con EMDR, impele a sus pacientes a alcanzar sus objetivos vitales con PNL y si no funciona nada, re-significa la situación original del paciente con técnicas narrativas.
Se empieza ayudando a darle a la interpretación de la dificultad del cliente una buena construcción gramatical, de manera de acercar la experiencia a las palabras, y pulir generalizaciones, distorsiones, omisiones que limiten posibilidades y sean caldo de cultivo al sufrimiento (sufrimiento: la distancia entre lo que evalúo y lo que anhelo).
Una vez clarificado a quién se parece la dificultad (polo de comparación), y que nos gustaría a cambio (polo de contraste) se ayuda a construir imaginariamente una meta, que se ajuste a las “7 reglas de oro”: algo tiene buen diseño cuando esta planteado en términos positivos, definido y evaluado con una evidencia sensorial, cuando depende de nosotros y no de los demás, cuando se conserva la ganancia secundaria del estado actual y cuando sus resultados son armónicos, con las metas del resto de mis roles. Una vez definida la meta y los valores y creencias que la sustentan se elabora un plan de acción con marcas (fechas y horas) de las sub-metas a lograr en el futuro, para ir chequeado nuestros resultados y ajustando nuestras acciones en consecuencia, hasta llegar al último capítulo de nuestra aventura.
Las técnicas narrativas nos sirven para re-encuadrar una situación vivida como problemática, ya sea evidenciando en que contextos no es un problema, o realizando una nueva interpretación tanto o más realista, lógica y útil que la anterior, pero que cambia el significado de la situación haciendo el sufrimiento innecesario. Otra técnica narrativa, como la externalización nos sirve para separar a la persona del problema y transformarlo en un enemigo facineroso al cual manejar y que incluso en un pasado olvidado ya hemos dominado.
La actividad aeróbica, la respiración holotrópica, la meditación y la imaginería activa (visualizar, los mapas mentales, la meditación etc.), son potentes técnicas no verbales especialmente pertinentes para entrenar las funciones ejecutivas, la voluntad, y el nivel de energía.
El manejo de la agenda para auto-administrarnos es un simple y revolucionario acto “psico- mágico”, una puerta obvia y misteriosa, a vivir a nuestro anhelos más profundos de manera autoorganizada. Muchas veces no es tanto que no sepamos lo que hacer, sino más bien que no lo recordamos. La agenda puede ser el ritual que produzca un punto de inflexión en nuestra vida.
En un primer momento el modelo de inteligencia artificial apelaba a imitar a un sabio: primero una gran teoría de como se hacen las cosas y luego la acción. En un segundo momento y visto que en la práctica es imposible matematizar el lenguaje cotidiano, ya que una computadora combina sintácticamente signos y no se puede simbolizar la mutante y compleja batería de sentido común cotidiana. En vista a eso, se quiso emular la inteligencia de manera artificial imitando las redes neuronales del cerebro, es decir primero un operar y un acomodarse, y derivado de los resultados se infiere una teoría. En un tercer momento Várela agrega a esta idea el concepto de clausura operacional del sistema nervioso, es decir un sistema de inteligencia es determinado por su propia dinámica de estados y no por una realidad externa, exterioridad que gatilla posibilidades de la propia estructura: lo curioso es que a partir de este devenir teórico de la inteligencia artificial se siguen técnicas cada vez mas sofisticadas, mas efectivas para acoplarse con el medio ambiente, y conceptualmente y de manera paralela se llega la idea de la no existencia de la realidad objetiva.
Desde un concepto vivido como realidad, estamos mutando a otro.
El entender que nuestras acciones cobran sentido desde un mar de fondo de sentido común nos recuerda que hay un tipo de historias que resultan letales: las que niegan su propia condición al presentarse como la única posibilidad. Esas son las que atrapan a sus personajes y los convierten en víctimas en lugar de autores. Frente a ellas, vale la pena recordar el consejo de Richard Rorty como antídoto: la finalidad del discurso no es decir la última palabra, sino mantener viva la conversación.
jorgeorregobravo enero07

..tanto el camino como el caminante, se van haciendo al andar

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